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Déjale ponerse en riesgo.

¿Quién no se ha visto con el corazón desbocado ante el miedo a que nuestro hijo se caiga de lo alto de un tobogán? ¿O al trepar una silla, una gran roca, o corriendo cuesta abajo? ¿Quién no se ha oído a si misma gritar "CUIDADO ES PELIGROSO! y pensar en lo mucho que nos parecemos a nuestra madres? Lo cierto es que ser madre viene de la mano del miedo. Lo que nadie nos cuenta es que transmitir ese miedo a nuestros hijos, no es protección, no es cuidarles, es privarles de un arma muy valiosa, que merecen tener. La seguridad en si mismos.


Permitir que los niños se aventuren en el terreno de los riesgos controlados no solo les brinda la oportunidad de explorar, sino que también les regala la confianza para enfrentar lo desconocido.

En este viaje hacia la autosuperación, la naturaleza se erige como la musa esencial. Sus senderos ocultos, sus secretos susurrados por el viento, se convierten en cómplices de la infancia audaz. Imagina a esos pequeños exploradores, sus ojos brillando con asombro mientras descubren el tesoro escondido detrás de un árbol centenario o desafiando las alturas de una colina empinada.




Este encuentro con la naturaleza no solo nutre sus almas curiosas, sino que también teje en su ser una conexión profunda con el mundo natural. La frescura del aire, la textura de la tierra bajo sus pies, se convierten en cómplices inseparables en su crecimiento. Y en cada aventura al aire libre, no solo se gesta un coraje que desafía límites, sino también una conciencia arraigada sobre la importancia de proteger y amar nuestro hogar común, la Tierra.


Así, en este viaje entrelazado entre la valentía y la naturaleza, damos forma a futuros guardianes de la Tierra, capaces de enfrentar desafíos con una resiliencia forjada en la experiencia y con un amor profundo por el mundo que les rodea. ¿No es acaso en esta danza entre la valentía y la naturaleza donde debería forjarse el alma de la infancia?




Os dejo aquí algunos de los beneficios de exponer a nuestros pequeños al riesgo.


  • Desarrollo de la valentía: La exposición a riesgos fomenta la valentía y la disposición para enfrentar situaciones desafiantes.

  • Cultivo de la resiliencia: Enfrentarse a obstáculos y peligros controlados ayuda a los niños a desarrollar resiliencia, aprendiendo a recuperarse de experiencias difíciles.

  • Desarrollo de habilidades de toma de decisiones: En situaciones arriesgadas, los niños aprenden a evaluar y tomar decisiones informadas, contribuyendo al desarrollo de habilidades cognitivas.

  • Fomento de la autoconfianza: Superar desafíos y riesgos bajo supervisión adecuada construye la confianza en las propias habilidades y capacidades.

  • Preparación para desafíos futuros: La exposición temprana a riesgos enseña a los niños a lidiar con situaciones difíciles, preparándolos para enfrentar desafíos mayores en la vida.

  • Estímulo de la creatividad y exploración: La libertad para enfrentar riesgos promueve la creatividad y la exploración, permitiendo a los niños descubrir nuevas ideas y soluciones.

  • Fomento de la adaptabilidad: La experiencia en situaciones arriesgadas enseña a los niños a adaptarse a entornos cambiantes y a desarrollar habilidades de resolución de problemas.

  • Construcción de habilidades sociales: La colaboración en situaciones arriesgadas puede fortalecer las habilidades sociales, fomentando el trabajo en equipo y la comunicación efectiva.

  • Desarrollo de conciencia de las consecuencias: Experimentar riesgos brinda a los niños la oportunidad de comprender las consecuencias de sus acciones, promoviendo una toma de decisiones más consciente.

  • Crecimiento holístico: La exposición a riesgos, combinada con un entorno seguro y supervisión adecuada, contribuye al crecimiento físico, mental, emocional y social de los niños.



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